Si bien Pablo Sirvén es uno de los mejores periodistas de espectáculos de la Argentina, esta vez nos comenta con asombro su estadía en Grecia, más precisamente en Atenas y la seguridad sin policías, algo casi imposible de imaginar para la mayoría de los latinoamericanos.
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1062487
Estuve hace unos días como simple turista en Atenas y no pude ver un solo policía en ningún lado. Me llamó la atención: no sé de qué color es el uniforme que se ponen los miembros de esa fuerza griega ni si usan gorras o no.
Desconozco también como suenan las sirenas de sus patrulleros. Y me llamó más la atención esa ausencia porque pensaba encontrarme con la capital griega pertrechada de efectivos patrullando por todos lados, teniendo en cuenta que Grecia es uno de los países de Europa en donde se producen menos delitos.
Nunca me sentí intimidado en sus calles ni en el subte, aun a altas horas de la noche: no vi casi ningún mendigo, tampoco encontré barritas de pibes chorros vagando por las plazas ni agresivos limpiaparabrisas al paso.
A pesar de lo impenetrable de su idioma escrito y oral, siempre me pareció estar rodeado de personas amigables, en situaciones normales, sin caras extrañas acechando.
Supongo que tendrán lo suyo y que lo mío fue pura suerte. Pero en mi fuero íntimo intuyo que, aunque después de tantas invasiones y gobiernos militares los griegos se vinieron bastante a menos, subyace fuerte todavía el intenso espíritu de tolerancia y educación que surgió en el Siglo de Oro de Pericles, cuando en Atenas se echaron las bases de lo mejor de la cultura de Occidente (la democracia, la filosofía, la arquitectura, el teatro, etc.) y que eso, de alguna manera, pesa hasta ahora, y bastante bien, en un contexto de una sociedad sin tantos desequilibrios sociales.
Vuelvo a Buenos Aires: veo policías por todos lados, la Gendarmería movilizada, los centinelas privados en guardia con caras de pocos amigos apostados en las puertas de edificios lujosos y comercios, la Prefectura atenta cuando entramos y salimos de Puerto Madero, los funcionarios del área analizando hacer más severos los castigos penales para adultos e, incluso, para menores.
Veo camaritas apuntándonos como sospechosos en shoppings, cajeros automáticos y ascensores, nos piden el documento de identidad para los trámites más nimios. Y sin embargo nada alcanza, nada sirve.
No tengo una hipótesis. Pero por momentos me dan ganas de volverme a Grecia.
viernes, 24 de octubre de 2008
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